“Todo cuanto tienes véndelo… luego ven, y sígueme.” Lc 18,22

La espiritualidad de la Pequeña Familia del Éxodo nace y encuentra su raíz y fundamento en la palabra de Dios y saca su inspiración en la vivencia concreta de la humilde, pero grande en su atestiguación evangélica, de San Benito José Labre, el santo que rezó “a imagen del camino” (A. Louf). Creemos que es cabal anteponer a estas páginas que van a continuación unas cuantas notas biográficas acerca del Santo, porque creemos que pueden echar lumbre sobre unas cuantas decisiones tomadas por la Comunidad al comienzo de su aún joven recorrido, y a las que la misma quiere permanecer fiel.

Benito José Labre nació en Amettes (Francia) el 26 marzo 1748 y murió en Roma el 16 abril 1783. Siempre sintió un fuerte deseo de consacración en el silencio y en el escondimiento, que le llevó a pedir ser acogido de Trapas e Certosas, que sin embargo lo rechazaron.

Y justamente el deseo de ingresar en Trapa lo condujo a Italia, donde descubrió, entre sufrimientos y privazioni que mermaron su salud ya en joventud, su verdadera llamada: el camino, el inacabable recorrido que esta supone, el despojarse de sí, el testimonio silencioso y orante de la búsqueda incansable del Dios Único y Trinitario. Su vida enseña que rezar es despojarse, es pobreza creciente, es amor cada vez más fuerte. En él tocamos (y aquí citamos una vez más a Louf, profundo conocedor del Santo) “un abismo de pobreza y despojo interior, del que cualquier pobreza exterior no es sino un recuerdo emblanquecido”.

Así que este testigo de Dios erró de un santuario a otro, de una nación a otra: Lión, Loreto, Roma, Bari, Nápoles, Compostela, Chambery, luego de nuevo Loreto y Roma, donde vivió sus últimos años en un resquicio del Coloseo, y donde cayó muerto en la calle, para ser recogido por un devoto suyo, que lo depuso en su propia habitación.


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